Por: Diva Lomas

Hace dos décadas llegué a la Ciudad de México con un entusiasmo desbordante, ansiosa por sumergirme en el emocionante mundo de la moda mexicana. Sin embargo, me encontré con una realidad desalentadora: una comunidad anclada en viejas costumbres y renuente a abrazar la innovación creativa.

La industria de la moda en México se me presentó como un universo celoso y egoísta, donde compartir proveedores era visto como un riesgo insalvable. Una clara división separaba a la vieja guardia -aferrada a sus tradiciones y experiencias pasadas- de un grupo de creativos deseosos de colaborar y crecer juntos.

Hoy, dos décadas después, lamento constatar que la situación persiste inalterable. La vieja guardia se mantiene firme en sus dogmas, temerosa del cambio y obstaculizando el progreso de la moda mexicana.

Mientras lo anterior sucede, México se ve inmerso en disputas internas y luchas de poder, un competidor real acecha desde el horizonte: China. La verdadera batalla, en mi opinión, ya está perdida.

¿Dónde queda el talento?

Recuerdo una época en la que México era el epicentro de la manufactura para innumerables marcas internacionales, marcas que ahora se ven opacadas por la imparable maquinaria textil china. Sí, esas marcas que hoy presumes en tus GRWM.

Es evidente que, mientras los industriales no reconozcan la importancia de incorporar creatividad en sus procesos, los creativos no aprendan a equilibrar su pasión con mentalidad empresarial y quienes se ostenta como KEY OPINION LIDERS no empiecen a realmente a actuar como mediadores sin la intención de protagonizar, las cosas difícilmente cambiarán.

Me entristece ver cómo muchos están más interesados en destacar individualmente que en colaborar para construir algo perdurable.

¿Hay esperanza?

Resulta descorazonador presenciar cómo numerosos proyectos de diseño y moda carecen de un propósito definido o una visión a largo plazo. Plataformas surgen y desaparecen, como si solo fueran creadas para presumir logros efímeros y sin sustento.

Es una realidad que la industria sigue desarrollándose sin dar oportunidad ni espacio a nuevos talentos que podrían demostrar la autenticidad de la moda mexicana. Parece que siempre se prefiere lo “seguro”, lo que ya ha sido validado mediáticamente, en vez de apostar por la innovación y la diversidad.

Podría interpretarse como clasismo, pero en realidad es un problema arraigado de egocentrismo en nuestra industria. Es desalentador ver cómo muchos creativos solo son reconocidos cuando buscan y encuentran oportunidades en el extranjero.

Hoy veinte años después, me encuentro en donde mismo. Viendo cómo la “moda en México” y sus líderes se desbaratan por la figuración más que por la construcción. Como son los mismos que un día criticaron las redes sociales, ahora están locos por los likes. Por eso me buscan, no porque quieran crear algo más.

Si yo no tuviera los números que hoy tengo, seguiría oculta, tratando de avanzar. Esa es la realidad.

Es hora de dejar atrás las rivalidades internas y promover una cultura de colaboración y apertura, solo así podremos construir una comunidad sólida y vibrante que impulse verdaderamente a la moda mexicana hacia nuevos horizontes.

Puede que suenen como divagaciones, pero hoy, jueves 14 de marzo, me he despertado con este pensamiento resonando en mi mente, sintiendo la urgencia de expresarlo. Es hora de que la industria de la moda mexicana despierte del letargo en el que ha permanecido durante décadas y enfrente los desafíos que nos acechan.

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