Hoy quiero compartir con ustedes una experiencia muy significativa que viví
recientemente a mis cuarenta años: la oportunidad de ser modelo por un día.

Cuando estaba en mis veintes, intenté incursionar en el mundo del modelaje. Me mudé a la Ciudad de México en busca de esa oportunidad, pero rápidamente me di cuenta de que no encajaba en el estereotipo de las modelos de los noventa. No cumplía con los estándares de altura, delgadez extrema y rasgos europeos que se esperaban en aquel entonces. Mis facciones siempre han sido fuertes, lo que algunos describirían como “toscas” y mi cara no encajaba en el estándar de una muñeca.

Me decepcioné y acepté la idea de que mi inteligencia estaba destinada a dirigir y crear, a estar detrás de escena en lugar de ser protagonista.

Con el tiempo, decidí hacer algunos arreglos en mi rostro y cuerpo para intentar alcanzar el prototipo de mujer que creía que debía ser. Sin embargo, esos arreglos me llevaron a múltiples intervenciones quirúrgicas y a un punto de profunda tristeza.

Veinte años después, recibí una oportunidad que nunca imaginé: Soid Studio, dirigido por José González, un diseñador mexicoamericano, me ofreció la oportunidad de modelar para él. Mi corazón saltó de emoción y muchos recuerdos, tanto buenos como malos, vinieron a mi mente.

Aunque temblaba de miedo, no dudé en aceptar. Volé a Los Ángeles, California, donde se desarrollaría la pasarela oficial del Fashion Week de la ciudad.

Fue sorprendente ver la misma escena desde otra perspectiva: esta vez, yo era parte de los personajes principales, de los protagonistas.

Desde el proceso de fitting hasta los últimos minutos de los ensayos, todo fue increíble. Pero caminar por la misma pasarela que modelos internacionales fue una experiencia indescriptible, maravillosa. Una experiencia que nunca quiero olvidar.

Quiero dejar claro que esto no marca el inicio de una nueva aventura para mí. Mis intereses han cambiado, pero esta experiencia me permitió representar a todas las mujeres que han sido desestimadas por no cumplir con los estándares de belleza impuestos por la sociedad.

Gracias a esto, creé un personaje digital que no solo le dio visibilidad a mi trabajo, sino también a la mujer que soy hoy.

¡Lo logré! grito de emoción a mi niña interior y lo hice siendo fiel a mí misma.

¡Qué emoción!

Gracias por acompañarme en este viaje.

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