Una mirada muy personal a la Semana de la Moda 2025 desde el corazón de una stylist latina.

​​Por Diva Lomas, stylist global con corazón latino

Si algo aprendí esta semana es que viajar no solo abre maletas, también abre los ojos. Y en la Semana de la Moda Guatemala 2025, mis ojos se llenaron de colores, texturas, tradiciones… y muchas preguntas incómodas (pero necesarias) sobre mi relación con la moda como latina, como stylist, y como mujer que a veces se deja llevar por las tendencias más que por sus raíces.

En medio de un calendario atiborrado de desfiles, backstage vibrantes y celebridades del diseño emergente, viví lo que sólo puedo describir como un “reality check fashionista”. Porque sí, llegué con una cabeza llena de referentes europeos, siluetas coreanas y paletas minimalistas. Pero me fui abrazando textiles, técnicas y narrativas profundamente nuestras.

Guatemala no fue sólo una sede, fue un espejo. En sus calles, en sus diseñadores, en su gente, entendí que hay países con un arraigo cultural tan poderoso que no necesitan seguir la moda, porque la moda nace de su identidad.

Y yo, que me la paso predicando sobre autenticidad estética, me vi a mí misma preguntándome: ¿cuándo fue la última vez que valoré el telar más que el trench? ¿Cuándo prioricé el bordado ancestral sobre el corte vanguardista? Esa confrontación fue incómoda, pero deliciosa. Una que sólo el contacto directo con culturas vivas te puede regalar.

Pasarelas de película y diseño con corazón

Este año, la Semana de la Moda Guatemala giró en torno al tema Cinematic Fashion, y honestamente, ¡se sintió como vivir dentro de un largometraje visual! Desde el arranque con The Fabric of Champions by Adidas Originals hasta el gran final con Utopía-Distopía, cada desfile fue como una escena de cine: bien pensada, con ritmo, emoción y estética.

Pero lo que más me marcó no fue solo la dirección creativa (que estuvo de diez), sino las historias que cada diseñador eligió contar.

Guio Di Colombia fusionó geometría y elegancia con una sastrería fuera de lo común. Pineda Covalin, ya icónicos en el arte de vestir cultura, volvió a demostrar que México es arte que se puede usar. Y Eddy Uker nos llevó a un universo futurista donde el cabello dejó de ser complemento y se volvió manifiesto.

Somos color, historia y emoción: y eso también es moda

¿La mayor lección? Que hablar de moda desde el gusto —lo bonito o lo feo— es una conversación superficial si no entendemos el contexto cultural. Porque la moda no es solo estética, es identidad. Y nosotros, como latinos, no somos neutrales, ni minimalistas emocionales. Somos mucho. Y eso también está bien.

Lo que me llevé de Guatemala no cabe en una maleta. Me llevé un recordatorio de que el futuro de la moda también se cose con historia. Que nuestras raíces no son un recurso visual, son el alma misma del diseño.

La moda que quiero seguir construyendo —y compartiendo— es esa: una que conecta, que cuenta, que honra. Una que no se pone solo para gustar, sino para pertenecer.

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