Hoy escribo con un nudo en el pecho, porque el tema me pesa y me duele. La moda en México está llena de jóvenes con sueños, ilusiones y el deseo de hacer algo grande. Pero, ¿qué pasa cuando el sistema educativo no acompaña esas ganas?

Quiero añadir que soy consciente que en esta industria, nos hemos acostumbrado a  solo aplaudir y a no hacer olas, pero siento una responsabilidad de poner sobre la mesa lo que he visto y lo que nadie parece querer decir en voz alta: estudiar moda en México es caro… y muchas veces, tristemente, sigue siendo una promesa vacía.

Con el tiempo, he tenido la oportunidad de recorrer la industria de la moda desde distintas trincheras, desde colaboraciones con talentos hasta trabajar para llevar la esencia de México al extranjero.

En ese trayecto, me he encontrado con una realidad que no puedo ignorar: aunque existen opciones de estudio en el país, muchas instituciones —particularmente las privadas que prometen “los mejores sistemas”— parecen quedarse rezagadas en comparación con el nivel y la actualización que la moda exige hoy.

Al ver la cantidad de jóvenes apasionados y talentosos, me hace cuestionar si las escuelas están cumpliendo con su promesa de prepararlos para enfrentar una industria global, donde la competencia y la innovación son esenciales.

Hablando con Irais Morales, una de mis queridas Divalettes, la esperanza  volvió por un momento. Ella me contaba de todas estas instituciones que ofrecen la carrera de manera Gratuita como parte del sistema. Pero luego, la realidad me golpeó. Porque por mucho que nos encante creer que las escuelas de moda en México están ahí para cumplir esos sueños, muchas de las que se consideran “las mejores” siguen siendo inaccesibles y… vacías. ¿Dónde quedó el compromiso de formar nuevos talentos? ¿Dónde está la innovación, la tecnología, los maestros que realmente puedan guiar a quienes están llenos de ideas?

Una carrera que merece algo más que un certificado

Aclaro que no estoy generalizando y sé que me falta mucho por investigar y entender. Pero una realidad que no puedo ignorar es que sigo viendo lo mismo: una oferta educativa que en muchos casos resulta costosa y no siempre entrega las herramientas adecuadas. Muchos terminan con un certificado que, en realidad, es solo eso: un papel que les recuerda el sacrificio, pero no les ofrece las herramientas para enfrentar un mundo que cambia cada segundo. Me pregunto si quienes lideran estas instituciones entienden que el verdadero valor de la moda está en el alma de quienes la viven, en esos jóvenes que sueñan en grande y esperan, tal vez ingenuamente, que la educación sea su puerta de entrada a ese mundo mágico.

Yo fui una de esas soñadoras, y sé que la moda es mucho más que un negocio. Cada prenda cuenta una historia, cada diseño lleva un pedacito del corazón de quien lo crea. Me duele ver que, en lugar de enfocarnos en eso, estamos atrapados en un sistema que parece enseñar siempre lo mismo, como si el tiempo se hubiera detenido, y quienes egresan se sienten atrapados en un campo que no les da alas.

¿Y ahora qué?

Tal vez lo único que puedo hacer hoy es seguir buscando, estudiar, encontrar mi propia manera de aprender y, algún día, compartir lo que realmente hace falta para que México pueda ofrecer una educación en moda digna de sus soñadores. Pero mientras ese momento llega, quiero que sepan que si sienten lo mismo, no están solos.

Quizá hoy me toca hablar desde la decepción, pero con la esperanza de que, si suficientes voces se unen, podamos abrirle la puerta a una nueva generación de talento. Y que, algún día, podamos decir que estudiar moda en México significa algo más que un papel o una ilusión pasajera.

Por último, la invitación  que hago a las instituciones educativas: sumar a sus filas a maestros que no solo enseñen desde lo aprendido en el aula, sino desde la experiencia práctica y el conocimiento actual que han adquirido trabajando en una verdadera  industria. No dentro de la fantasía de eventos a los que solemos llamar así.

Créanme, porque lo he visto, porque los conozco, existen grandes profesionales de México que tal vez como yo decidieron establecer un límite a este acelere sin rumbo que hoy vivimos en nuestro país y que realmente cansa y desespera; gente  que puede contagiar a sus alumnos de no solo de pasión, si no también de innovación y tecnología aplicada.

Por lo menos a mí, que sigo estudiando, no me interesa la cantidad de seguidores que tenga mi maestro en redes sociales; lo que busco en él es que me comparta su experiencia, que me inspire con sus enseñanzas y que me abra la puerta a un mundo de posibilidades dentro de la moda latinoamericana.

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